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martes, 31 de julio de 2018

Disfruté ser vagabundo - Carlos Dguez

Los amigos se lastiman con la verdad,
para no herirse con la mentira.
(Refrán popular.)
- . - . - . - . - . - . -

Si mi destino es,
tal como parece ser,
andar solo la vereda
que falta por recorrer...

Gozaré de ese momento,
disfrutaré de ese instante
pues como final de un cuento
se me hace muy elegante.

El lobito solitario
ya me decía mi Obispo,
pero si ese es mi sino
lo disfrutaré a diario.

Platicar  con el silencio,
conversar con mis ancestros,
aunque todos están muertos
todavía los reverencio.

Al concluir el verano
quisiera ya ser historia,
dejar  de ser una escoria,
dejar de ser un humano.

Mi paso por este mundo
me deja mil sinsabores,
nunca pedí sus favores,
disfruté ser vagabundo.

Publicado en Poemas del alma, el 02/08/2016

domingo, 29 de julio de 2018

Poco a poco...

Año de 1977, todavía trabajaba en la Dirección de Catastro del Estado, era jefe de la Sección de Valuación; recién se había implementado la aerofotogrametría y eso iba a facilitar mucho nuestro trabajo.

A mi cargo tenía 6 valuadores divididos en 3 equipos. Pero nunca me gustó trabajar en la burocracia, así que aproveché una oferta para irme al Distrito Federal, a la burocracia pero federal, también en Catastro

Poco a poco fuiste hablándome de frente,
para darme la noticia ya esperada....
fuiste hundiendo el puñal muy suavemente
para no hacerme sangrar, pero sangraba.

Me dijiste que te daba mucha pena,
que las cosas sabe cómo habían pasado...
hoy después de tanto tiempo me doy cuenta
que también muy poco a poco te he olvidado

Presidentes de México

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)

Inicios
1821-1824 Agustín de Iturbide
1824-1829 Guadalupe Victoria
1829          Vicente Guerrero
1829-1830 Pedro Vélez
1830-1832 Anastacio Bustamante
1832           Melchor Múzquiz
1832-1833 Manuel Gómez Pedraza
1833          Valentín Gómez Farías
1833-1835 Antonio López de San Ana
1835-1836 Miguel Barragán
1836-1837 Jose Luis Carra
1837-1839 Antonio López de Santa Ana
1839          Nicolás Bravo
1839-1841 Anastacio Bustamante
1841          Francisco Javier Echeverría
1841-1842 Antonio López de Santa Ana
1842-1843 Nicolás Bravo
1843          Antonio López de Santa Ana
1843-1844 Valentín Canaliza
1844          Antonio López de Santa ana
1844          José Joaquín Herrera
1844          Valentín Canaliza
1844-1846 José Joaquín Herrera
1846          Mariano Paredes Arrillaga
1846          Nicolás Bravo
1846          José María Salas
1846-1847 Valentín Gómez Farías
1847          Antonio López de Santa Ana
1847          Pedro María Anaya
1847          Manuel de la Peña y Peña


Donde la ropa está de más - Jennifer Couret

Foto del perfil de Jennifer Couret, La imagen puede contener: una persona, sonriendo, primer plano


El ímpetu de mi desbordada soledad
te reclama con ardiente frenesí
impregnándose en la ambigüedad
de tu piel como cuando te conocí.

Imaginándome cómo brilla tu mirada
bajo el resplandor de tu sonrisa...
bella, arrolladora, misteriosa y tímida
cuando caminas en la arena sin prisa.

y ¿qué decir de tu voz melodiosa?
No puedo dejar de añorarla cada día
¡pues es para mí tan bella y valiosa
como mi vida, tu amor y la alegría!

De saberte mío e inspirarte tanta pasión.
Eres dueño de un fuego estremecedor,
generador de mi más íntima ilusión,
perenne musa y de mis letras creador.

Mi pluma se escabulle con alevosía
para plasmar la posibilidad de tener
a mares de distancia lo que tanto ansía...
¡aquella magia única de tu querer!

La intensa fascinación de ser liberados,
desnudando los tabúes y creencias...
horizontes nunca antes explorados,
convirtiéndonos en una nueva ciencia.

Donde no existan lágrimas ni dolor...
en un lugar donde la ropa está de más,
la mentira sea historia y nuestro amor
prevalezca por encima de todo lo demás.

¡Allí te llevaré amor mío! ¡Te lo aseguro!
Exaltaré cada fantasía y las haré realidad
como un milagro, o algún embrujo...
colmándote de paz e inagotable felicidad.

Nos estorbó la ropa - Vicente Fernández

sábado, 28 de julio de 2018

Bohemio

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)

Bohemia, como nombre o definición de un grupo o movimiento cultural (o subcultural) aparece en el siglo XIX en la obra del romántico Henri Muger "Scénes de la vie de bohéme (1847-1849) una especie de novela-ensayo o ficción biográfica, que sirvió de pauta e inspiración a grandes obras posteriores en diversos campos del arte. Así, por ejemplo, la opera La bohéme de Giacomo Puccini o incluso la Louise de Gustave Charpentier y La Carmen de Georges Biset. Se considera a la ciudad de París como escenario original del fenómeno socio-literario


Bohemio o poeta de 
Montmartre retrato de
Erik Satie junto al parisino
Moulin de la galette en
Montmartre pintado por
Ramón Casas hacia 1891.

El brindis del bohemio.

En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.

Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.

El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se elevaba al cielo,
simbolizando al revolverse en nada
la vida de los sueños.

Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y repartidas en la mesa
copas pletóricas de ron, whisky o ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto
de aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que melosa y delicada
la música de un verso.

A cada nueva libación las penas
hallábanse más lejos del grupo,
y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.

Olvidaba decir que aquella noche
aquel grupo bohemio celebraba
entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejó en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica
del ¡feliz año nuevo!

Una voz varonil dijo de pronto:
¡las doce compañeros!
digamos el requiescat por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
Brindemos por el año que comienza,
porque nos traiga ensueños,
porque no sea su equipaje
un cúmulo de amargos desconsuelos.

Brindo, dijo otra voz, por la esperanza
que a la vida nos lanza
de vencer los rigores del destino;
por la esperanza, nuestra dulce amiga
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestro camino.

Brindo porque ya hubiese a mi existencia
puesto fin con violencia,
esgrimiendo en mi frente la venganza;
si en mi cielo de tul, limpio y divino
no existiera mi sino
una pálida estrella: mi esperanza.

--¡Bravo! Dijeron todos, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y sustancioso
El turno es de Raúl, alce su copa
y brinde por... Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso.

--Bebo y brindo, clamó el interpelado,
brindo por mi pasado
que fue de lu, de amor y de alegría,
y en el que hubo mujeres seductoras
y frentes soñadoras
que se juntaron con la frente mía.

Brindo por el ayer, que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazón, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, de desvelos.

--Yo brindo, dijo Juan, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiración divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonríe, que canta y que enamora.

Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y de granito
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata,
pero que tiene un cuerpo muy bonito.

Porque a su corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto,
sus manos que me causan embelesos,
porque con creces mi pasión me pague,
¡vamos! Porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.

Siguió la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente
hubo ovación creciente
y libaciones y reír y todo.

Se brindó por la patria, por las flores,
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango del placer llena de rosas
y hacen de la mujer... la cortesana.

Sólo faltaba un brindis: el de Arturo,
el del bohemio puro
de noble corazón y gran cabeza,
aquel que sin ambages declaraba
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza.

Por todos estrechado alzó la copa,
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento,
los inundó en la luz de su mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así con inspirado acento:

--Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer, desventurados...
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
y siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos,
y me envolvió en sus besos,
por la mujer que me arrulló en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero,
por la mujer que me arrulló en sus brazos,
y me entregó en pedazos,
uo por uno el corazón entero.

¡Por mi madre, bohemios! por la anciana
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.

Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía
y lloró de alegría
sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por esa brindo yo, dejad que llore
y en lágrimas desflore
esta pena letal que me asesina,
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre bohemios, que es dulzura
vertida en amargura,
y en esta noche de mi vida: ¡estrella!

El bohemio calló, ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba intensamente
un poema de amor y de amargura.

El Paso, Texas, 1915
Guillermo Aguirre y Fierro.

Bohemio de afición - Vicente Fernández   El brindis del bohemio - Paco Stanley

Cerramos esa página - Carlos Dguez

Los amigos se lastiman con la verdad,
para no herirse con la mentira.
(Refrán popular.)
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Aquí en mi mente tengo un lugar para ti,
y quisiera decirte que en mi corazón también,
pero no, te mentiría, ahí ya no queda espacio,
extrañamente se agotó con tu partida.

Alguien vino a reclamar el vacío que dejaste,
aquel que sin piedad cavaste un día,
amablemente le dije que ese espacio
se había cerrado por siempre y para siempre.

Me consideraba fuerte, me consideré invencible,
pero estaba equivocado, no soy más que un pelele,
un pelele que se queja, que le duele,
pero voy a superarlo, sé que puedo, sé que debo.

¿Recuerdas cuando apostábamos a que te hacía reír?
Bien, pues ahora te apuesto lo contrario:
sé que vas a llorar al recordarme,
porque no encontrarás quién te cuide como yo.

Aquellos consejos que te daba ¿recuerdas?
No te maquilles tanto, eres joven y hermosa,
acepta el paso de los años, no seas tonta,
y tú te carcajeabas, cómo olvidar esas charlas.

Ya no te las diré al oído, ya no oirás mis frases,
aquellas que pensaba te hacían falta, te ubicaban...
sé que es triste que nadie te las diga, que ya no las escuches,
cerremos esa página y a escribir otra historia.

Publicado en Poemas del alma, el 28/07/2018

viernes, 27 de julio de 2018

Personajes de la Independencia de México, 1810.

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)


Personajes de la Independencia de México


Miguel Hidalgo
Cura de Dolores. Iniciador del movimiento de independencia en 1810. Abolió la esclavitud en un documento. Murió luego de ser traicionado por Ignacio Elizondo, su cabeza se colocó en una jaula que fue enviada al Estado de Guanajuato, siendo colocada en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, como escarmiento para futuros levantamientos.

Juan Aldama.

Importante caudillo, partícipe de la conspiración de Valladolid en 1810, que junto con Allende había decidido organizar un levantamiento en diciembre, que fue adelantado. Aldama fue capturado en Norias del Baján, y ejecutado junto con Hidalgo y Allende.

Ignacio Allende.

En un principio se decidió iniciar el levantamiento en diciembre de 1810 en la población de San Juan de los Lagos, que sería encabezado por Allende y Aldama; además, se propuso como dirigente al cura Hidalgo. Después de nueve meses de agitación revolucionaria, en los que sobresalió y obtuvo importantes victorias militares, llegó a ser proclamado como generalísimo, al renunciar Hidalgo al mando en enero de 1811. Allende fue capturado junto con los principales jefes en Acatita de Baján, Coahuila, y fue ejecutado el 26 de junio del propio año.

Epigmenio Gonzales

Tenía una tienda de abarrotes en la Plaza de San Francisco, y en la trastienda se dio a la tarea de hacer cartuchos y armas.

Josefa Ortiz de Domínguez – La noche del 13 de septiembre el corregidor, después de revelar a su esposa cuanto acontecía, en torno a la conspiración de independencia, la encerró con llave en sus habitaciones, temeroso de que hiciera algo que les comprometiera a todos, mientras él se disponía a catear al día siguiente la casa de don Epigmenio González; pero doña Josefa pudo comunicarse a través de la puerta cerrada con el alcalde de la cárcel, don Ignacio Pérez, que era de los conjurados, y con él mando avisar a Allende a San Miguel el Grande lo que acontecía
Ignacio Elizondo – Traiciono a Miguel Hidalgo y a otros caudillos, en Norias de Baján.
Felix Calleja - fue organizador y jefe del ejército del centro (1810-12) durante la guerra de Independencia y sexagésimo virrey de la Nueva España, gobernando de 1813 a 1816, siendo uno de los grandes villanos de la historia de México.
Segunda Etapa:
José María Morelos y Pavón - antes había sido el Cura de Carácuaro, pero al se entrevistado tiempo antes con Hidalgo, este le dijo que se encargara de organizar al pueblo del sur. El 13 de septiembre de 1813, en Chilpancingo Morelos convocó al primer congreso independiente que sustituyó a la junta de Zitácuaro y por primera vez en un documentos escrito se habló de total independencia de España. Morelos fue hecho prisionero y fusilado el 22 de diciembre de 1815 en San Cristobal Ecatepec.
Ignacio López Rayón – En Guadalajara colaboro con el periódico El Despertador Americano, difusor de las ideas libertarias. Después de la muerte de los principales caudillos de la independencia, volvió a Michoacán y siguió luchando en 1811, en la ciudad de Zitacuaro, se reunió la junta nacional americana, con el propósito de dirigir la lucha armada, y López Rayón participo en ella, para llenar el hueco que había dejado la muerte de los principales caudillos. Fue hecho prisionero el 11 de diciembre de 1817 y permaneció encarcelado hasta 1820
Hermenegildo, Juan y José Galeana – Fueron tres hermanos, caudillos importantes por ser gran influencia, con mucha popularidad, tierras y conocimiento.
Nicolás Bravo- En 1811 se unió a las fuerzas de Hermenegildo Galeana y participó con Morelos en el sitio de Cuautla, donde se destacó por su valor.
Francisco Paris – Fue mandado por el Virrey Venegas para derrotar a Morelos, pero fue derrotado por el ejército insurgente en Tres Palos
Rosendo Portier – Brigadier derrotado en Tenancingo.
Mariano matamoros – Nombrado mariscal por Morelos.
Felix Fernandez (Guadalupe Victoria)
Originalmente, su nombre era José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix. Estudió en el seminario de Durango. Se unió a la lucha independentista iniciada por Miguel Hidalgo y adoptó el nombre de Guadalupe Victoria (1811). Fue miembro del ejército de José María Morelos, donde ascendió a general (1814); combatió al ejército realista en diversos lugares, entre éstos Oaxaca, Nautla y el Puerto de Veracruz.
Tercera Etapa:
Vicente Guerrero - Luchó por la independencia bajo las órdenes de José María Morelos, después de la captura de éste por los realistas, apoyó el Congreso de Chilpancingo hasta su disolución y se refugió en las montañas para continuar la lucha, convirtiéndose el jefe de la insurrección en el sur. Muchas veces trataron de convencerlo de que abandonara la lucha, pero no hizo caso. Por el contrario fortificó el cerro de Barrabás y ahí permaneció insurrecto hasta que se vio con Agustín de Iturbide y firmó el tratado de Iguala en el que se declaraba la Independencia de México.
Francisco Mina – Mina partió de Tamaulipas hacia el interior del país comenzó a tener campañas victoriosas, pero luego en uno de sus viajes rumbo a San Luis de la Paz en Guanajuato, fue sorprendido por Liñán al mando de los realistas en el Rancho del Venadito, quien siempre los había perseguido, en la batalla murió Pedro Moreno y Mina fue hecho prisionero y condenado a muerte
Cuarta Etapa:
Iturbide: Al estallar el movimiento armado de 1810, el caudillo Miguel Hidalgo y Costilla lo invitó a unirse a la causa con el cargo de teniente coronel, sin embargo Iturbide optó por ponerse a las órdenes del virrey. Desde la posición de las fuerzas realistas, combatió a los instigadores del movimiento insurgente, muy especialmente a José María Morelos y a Vicente Guerrero. Al ver que la causa declinaba en favor de la insurgencia, invitó al mismo Guerrero a declarar la Independencia de México en una reunión que se conoce como “El abrazo de Acatempan”. En 1821 ambos firmaron el Plan de Iguala y el día 27 de septiembre de ese mismo año el Ejército Trigarante entró triunfante en la ciudad de México, con lo que de declaró la consumación de la Independencia. Un día después de este acontecimiento se integró la Junta Provisional Gubernativa que eligió por unanimidad a Agustín de Iturbide como su presidente.

Los Niños Héroes de Chapultepec - 13 de septiembre de 1847

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)


Los Niños Héroes de Chapultepec

Los Niños Héroes de Chapultepec:
Eran 5 cadetes alumnos del H. Colegio Militar, y un oficial recién graduado.
Agustín Melgar,
Fernando Montes de Oca,
Francisco Márquez,
Juan de la Barrera, recién graduado como Teniente,
Juan Escutia, envuelto en la bandera se lanzó al vacío, y
Vicente Suárez.e
Murieron en la Batalla de Chapultepec el 13 de septiembre de 1847, durante la intervención Estadounidense en México.
Luego de ser solicitada la entrada a la Federación Estadounidense del estado de Texas por parte de los colonos y emigrantes ilegales anglosajones que la habían separado de la República Centralista Mexicana en 1837, bajo el pretexto de solicitar su separación del estado de Coahuila y constitución como un estado federado y por ende de la restitución de la Constitución Federal Mexicana de 1824 y que para el momento se había proclamado como la República de Texas. El gobierno mexicano rompió relaciones con los EE. UU. al declararse su ingreso a la Federación Estadounidense.
Es entonces que el gobierno de los EE. UU. manda tropas a la zona norte del rio Bravo para asegurar la franja de territorio que estaba en disputa entre el estado de Texas y el gobierno mexicano, ya que este último sólo reconocía como frontera el río Nueces ubicado más al norte. Estas tropas crearon una serie de fuertes en la zona, es en esta zona donde se dieron varios encuentros con patrullas del Ejército del Norte del Ejército Nacional Mexicano.
Es así como el gobierno estadounidense renueva sus solicitudes al gobierno mexicano para pactar la venta de los territorios del norte de México, pero al recibir las negativas de este, empieza una serie de preparaciones gubernamentales y privadas como fueron la toma de San Francisco en 1845 y la inmigración ilegal de miembros de la Iglesia Mormona al Lago Salado que se pertenecía al territorio mexicano de Nuevo México en 1846 y que posteriormente se convirtió en el territorio de Utah.
Como las instalaciones del Colegio servirían de cuartel general,el coronel Nicolás Bravo ordenó desalojar a los cadetes que en sus diferentes grupos tenían edades comprendidas entre los 13 y 19 años. Muchos obedecieron, otros fueron llevados por sus familias y solo 46 cadetes solicitaron quedarse para defender su plantel

Héroes de la Revolución mexicana, 1910

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)


Héroes de la Revolución Mexicana, 1910

México fue el primer país del mundo en tener una revolución en el siglo XX. Porfirio Díaz había estado en el gobierno durante varias décadas y sus opositores estaban impacientes por generar una transición política.

Francisco I. Madero, político opositor al gobierno, anunció su famosa frase “Sufragio Efectivo. No Reelección” y crear el Plan de San Luis. Además de él, los siguientes revolucionarios fueron parte de este episodio bélico de México.

Gral. Emiliano Zapata, el Caudillo del Sur.

También conocido como “El Caudillo del Sur”, quizás sea uno de los más famosos revolucionarios de México. Su imagen es identificable por la mayoría de los mexicanos hoy en día ya que su lucha fue una de las más admiradas por el pueblo campesino en el país.
Nació en Anenecuilco, Morelos, en 1879 y su popularidad se extendió cuando comenzó una revuelta en su estado y el sur de la Ciudad de México.
Zapata abogaba por una justa repartición de tierras que durante el gobierno de Porfirio Díaz fueron expropiadas de sus antiguos dueños (en su mayoría indígenas) quienes la poseían de forma comunal.

Gral. Doroteo Arango, más conocido como Francisco Villa, el Centauro del Norte.

Otro de los caudillos que se recuerdan mucho en el país, famoso por sus acciones en el norte de México contra el gobierno de Porfirio Díaz. Este caudillo de la revolución fue un dolor de cabeza tanto para sus opositores como para Estados Unidos.
Fue uno de los pocos militares que invadió exitosamente el pueblo de Columbus y logró escaparse de la armada americana sin recibir castigo alguno.
Pancho Villa, junto con Zapata, triunfaron en algún momento de la revuelta y fue uno de los caudillos que logró sentarse en la silla presidencial.

Gral. Porfirio Díaz.

El villano de la historia según los libros oficiales. El gobierno de Porfirio fue uno de los más largos de la historia del país al permanecer 35 años en el poder.
Durante su periodo de gobierno hubo un gran avance económico en México, sin embargo, también fue un dictador con mano dura que reprendió a muchos opositores de su gobierno.
Porfirio tuvo una larga carrera militar y logro consolidar la estabilidad y el orden en el país por muchos años. A principios del siglo XX, su gobierno empezó a ser duramente cuestionado por todos, pero debido a que la reelección estaba permitida en aquella época, los gobernantes podían permanecer indefinidamente en el poder.
Fue gracias a este hartazgo de Díaz que empezó la Revolución Mexicana. Diversas huelgas y rebeliones terminaron con su gobierno en 1910.

Gral. Victoriano Huerta.

Apodado como “El Chacal” debido a que usurpó la presidencia de la República después del asesinato de Francisco I. Madero.
Aunque sólo estuvo en la presidencia por un año, Victoriano Huerta se formó una mala imagen de traidor que todavía permanece en la mente de los mexicanos. Una vez que asumió la presidencia asesinó a 35 rivales políticos en tan sólo 17 meses.

Antonio Caso

Fue también una de las figuras que participó en los movimientos críticos de la época. Aunque no fue político, sino más bien académico, este intelectual mexicano sacudió las bases del gobierno porfirista: el positivismo.
Caso fue un crítico fundamental de la teoría positivista y aunque nunca se pronunció en contra del gobierno de Díaz, si fue un crítico esencial de su ideología.
El filósofo mexicano fue fundador del Ateneo de la Juventud y uno de los intelectuales más importantes de la época. Caso y otros fueron pioneros en la consolidación de la universidad más importante del país.

Gral. Venustiano Carranza.

Fue uno de los políticos que se disputó el poder durante la segunda etapa de la Revolución y terminó siendo parte de los personajes que instauraron la Constitución de 1917 que hoy en día prevalece en el país.
Aunque la historia oficial lo mantiene como uno de los personajes buenos de la época, es cierto que durante su periodo revolucionario acostumbraba saquear las casas de los pueblos en los que llegaba, razón por la que se acuño el término “carrancear” dentro del lenguaje popular.

Gral. Alvaro Obregón

Obregón es conocido por ser uno de los primeros presidentes postrevolucionarios. Después de la proclamación de la Constitución de 1917, los presidentes electos buscaron la pacificación del país a cualquier costo.
Obregón gobernó el país de 1920 a 1924, periodo en el que se destacó la creación de la Secretaria de Educación Pública y la repartición de tierras de diversos ejidatarios que habían sido despojados en la época de Díaz.
Al igual que otros políticos de la época, Obregón fue asesinado en Guanajuato mientras era retratado en un restaurante.

Gral. Pascual Orozco.

Pascual Orozco fue uno de los revolucionarios que permaneció vivo al inicio y al final de la justa. Participó junto con Madero en las disputas por el poder.
Creó una facción de simpatizantes llamados los “orozquistas” y en varias ocasiones luchó contra sus opositores los constitucionalistas y otros grupos que se disputaban el poder.
Pascual Orozco tuvo que huir del país cuando las condiciones de la revolución no le permitieron continuar en la lucha.
Murió a manos de un ejército estadounidense cuando invadió un rancho de Texas. Este caudillo permaneció presente de 1910 a 1923 cuando fue asesinado.

Francisco I. Madero

Francisco I. Madero fue un terrateniente con ánimo por el progreso, se avocó en favorecer a la clase trabajadora del pueblo San Juan Pedro de las Colonias, donde erigió escuelas, comedores y hospitales gratuitos.
Recorrió el país animando a las personas a luchar contra la dictadura impuesta por Porfirio Díaz. En 1910 se aprueba su candidatura para la elección presidencial en la convención de Eliseo en Ciudad de México.
Su gira política se vio frustrada debido a un arresto ocurrido en Monterrey por haber sido acusado de incitación a la rebelión e injuria a las autoridades, quedando electo Porfirio Díaz a la presidencia mexicana por séptima vez.
Poco después, Madero fue puesto en libertad y planificó una nueva estrategia para acabar con el gobierno dictatorial impuesto.
Esta estrategia fue apoyada por Pancho Villa, Emiliano Zapata y otros líderes populares. Así fue como el 20 de noviembre de 1910 el pueblo se levantó en armas.
Este plan logró la dimisión de Porfirio Díaz y posteriormente su exilio a Francia. Madero, triunfante por el resultado de su maniobra, realizó una serie de transformaciones en materia legislativa y política.
Dichas reformas no bastaron para ganar la simpatía del pueblo y de las diversas facciones imperantes. Madero fue asesinado en 1913.

Plutarco Elías Calles. Fundador de lo que ahora es el PRI.

Fue maestro de escuela primaria. Su participación en la Revolución lo elevó al grado de general, en su lucha contra las filas orozquistas y villistas, y en el derrocamiento de Huerta.
Fue gobernador de Sonora en 1917 y luego fue nombrado secretario de Comercio y Trabajo durante el mandato de Carranza en 1919. Posteriormente participó en su derrocamiento.
Estuvo en la presidencia de México durante el período de 1924 hasta 1928, cargo en el que realizó profundas reformas en materia agraria, educativa, construcción de obras públicas, entre otras.
Versado en el sistema político mexicano, Plutarco Elías Calles hallaba en la lucha revolucionaria no únicamente un argumento político sino una herramienta para la transformación social y económica del país.
Buscó aglutinar diversas ideologías, por lo que organizó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), el cual dirigió en el intento de terminar con el caudillismo y el derramamiento de sangre.
De esta forma Calles inició así un dominio político desde el núcleo de la presidencia. Se le atribuye además la influencia que pondría nuevamente a la figura de Álvaro Obregón en la presidencia y su posterior reelección.
También se vio inmiscuido en la elección de los sucesores de Obregón hasta 1936, periodo al que se le denominó “el Maximato”, por la influencia que ejercía Calles como “jefe máximo”.

Aquiles, Máximo y Carmen Serdán

Estuvieron estrechamente relacionados con las ideas revolucionarias de Francisco I. Madero, ya que militaban en el Partido Antireeleccionista.
Se encargaron de difundir la propaganda política y de invitar a las personas a tomar las armas y unirse a la causa para derrocar a Porfirio Díaz.
Originarios de Puebla, son considerados los primeros mártires de la Revolución mexicana. Aquiles, Máximo y Carmen Serdán ocultaron armas en su domicilio.
Las autoridades fueron informadas de las pretensiones de la familia Serdán, por lo cual el 18 de noviembre de 1910 allanaron la propiedad con más de 400 efectivos.
Pero los hermanos, acompañados de personas que se encontraban en el lugar, hicieron frente a esta intrusión a través de un combate armado.
El tiroteo se prolongó por varias horas y dejó sorprendidas a las autoridades, quienes finalmente lograron tomar la vivienda.
En esta acción resultó muerto Máximo Serdán y otros civiles armados. Carmen fue apresada junto con su madre y cuñada, la esposa de Aquiles. Este último logró escapar de la refriega, pero fue encontrado y asesinado al día siguiente.
Carmen, por su parte, de la cárcel fue recluida en un hospital hasta que el periodo de Victoriano Huerta finalizó. Posteriormente se dedicó a trabajar en diversos hospitales como enfermera.

Joaquín Amaro Domínguez.

Joaquín Amaro Domínguez nació en Zacatecas en agosto de 1889. Tuvo una carrera militar brillante forjada durante el desarrollo de la Revolución y siguiendo los pasos de su padre, quien también había tomado las armas a favor de esta causa.
Formó parte de las filas maderistas cuando aún era un soldado raso, a través de las fuerzas del general Domingo Arrieta. Allí Domínguez llegó a alcanzar el grado de teniente.
Participó en maniobras en contra de grupos adeptos a las ideas zapatistas, reyistas y salgadistas. Gracias a estas maniobras logró ascender al grado de mayor, y para el año 1913 ya contaba con el rango de coronel.
En ese año ocurrieron los asesinatos de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, motivo que llevó a Domínquez a adherirse al Ejército Constitucionalista, donde permaneció hasta el año 1915 y obtuvo el grado de general de brigada.
Intervino en un total de 22 acciones de armas en contra de las fuerzas de Francisco “Pancho” Villa en la Campaña del Sur.
Fue secretario de Guerra y Marina. En este cargo implementó una serie de reformas orientadas a la estructura y articulación del Instituto Armado, promovió las actividades deportivas y fue muy estricto en lo concerniente a la disciplina.
Después de la Revolución se dedicó a labores educativas en el Colegio Militar, donde fue como director.
Más adelante, en 1932, fundó la Escuela Superior de Guerra, donde se inició la profesionalización del ejército. Muere en Hidalgo, en marzo de 1952.

Dr. Belisario Domínguez Palencia, Senador de la República por el Estado de Chiapas. "Libres por la palabra libre".

Fue médico, altruista, periodista y político. Nació en Comitán, hoy de Domínguez, en el estado de Chiapas en 1863 y sus ideales políticos eran liberales.
Su formación en medicina la realizó en Europa y en 1890 instaló un consultorio en su ciudad de origen, donde atendía personas de bajos recursos y provenientes de zonas marginadas.
Luego fundó un periódico denominado El Vate en 1904, donde hacía fuertes críticas al régimen porfirista y al gobierno de su ciudad natal, apoyando los ideales maderistas.
En 1911, con la llegada de Madero a la presidencia, fue nombrado senador suplente por el estado de Chiapas, cargo que ocupó hasta febrero de 1913.
Tras el asesinato de Madero y la entrada de Victoriano Huerta al poder, Belisario Domínguez comienza una dura oposición contra el nuevo gobierno.
El senado mexicano censuró a Domínguez por su intención de pronunciar un par de discursos donde calificaba a Huerta de traidor, asesino y usurpador.
Estos discursos posteriormente fueron impresos y difundidos, acto que ocasionó que Belisario Domínguez fuera secuestrado y luego asesinado por parte de secuaces de Huerta la noche del 7 octubre de 1913.
Este asesinato desenmascaró la dictadura que impuso Huerta, ya que después de este hecho el Senado fue desmantelado.

Ricardo Flores Magón

Precursor intelectual de la Revolución mexicana en 1906. Fue un político y periodista.
Participó en las primeras manifestaciones del antireeleccionismo, con el cual se topó en la Escuela de la Jurisprudencia. Esta oposición le acarreó su primer arresto.
Su carrera como redactor de noticias comenzó en los periódicos El Universal y El Demócrata.
Más adelante funda su propio semanario llamado Regeneración, en el cual labora junto a su hermano mayor.
Criticaban la corrupción del régimen de Porfirio Díaz, por lo que fueron arrestados en diversas ocasiones.
Posteriormente el semanario fue suprimido, por lo que Magón decidió irse a los Estados Unidos exiliado junto a su padre, uno de sus hermanos y otros compañeros. Desde allí retoma sus publicaciones en Regeneración.
También se involucró en la creación del Partido Liberal Mexicano, el cual promovía ideas muy revolucionarias para la época.
Años después, de vuelta en México, promueve la lucha armada en zonas fronterizas con Estados Unidos en actividades clandestinas con el Partido Liberal Mexicano, pero no hace mayor daño, ya que el verdadero conflicto estallaría en 1910.
Fue invitado por Francisco Madero a unirse a su causa para derrocar al régimen dictatorial, llamado que rechazó por tildar las intenciones de este de capitalistas, sin cabida para el pueblo.
Magón creía firmemente en la eliminación de la propiedad privada, la expropiación de tierras ociosas y la repartición de la misma entre los campesinos.
Estas convicciones le hicieron comulgar por un tiempo con las ideas zapatistas.
Un manifiesto dirigido a los anarquistas a nivel mundial le cuesta, una vez más, su libertad; esta vez en una prisión de los Estados Unidos, donde murió en 1922.

Felipe Ángeles

Nació en junio de 1869. Siguiendo los pasos de su padre, a los 14 años ingresa al Colegio Militar.
Más adelante egresa como un artillero destacado, pero inmediatamente se dedica a la docencia y luego funge como director del recinto donde se formó.
Ángeles fue un hombre de fuertes convicciones, orientado a la justicia social y humanitario.
Se identificó con los ideales de Francisco Madero, por lo que durante su gobierno encabezó una campaña militar humanista.
Estuvo en contra de la rebelión de Emiliano Zapata. Una vez Madero resultó asesinado, Ángeles se apropió de la lucha constitucionalista, adoptando los ideales revolucionarios.
Sus fuertes creencias en la igualdad y la justicia lo llevan a participar de la lucha encabezada por Pancho Villa, con quien concordaba.
Esta dupla de rebelde y militar experto fue lo que permitió al ejército villista alcanzar mejores resultados en combate.
La toma de Zacatecas es un ejemplo de ese brillante equipo que hacían en batalla. Sin embargo, más adelante se propició el distanciamiento entre Villa y Ángeles, los villistas fueron derrotados en 1915 y su jefe exiliado a los Estados Unidos de América.
En 1918 regresa Villa del exilio y Ángeles vuelve a unirse a su causa. Esta unión duró muy poco debido a que Felipe Ángeles es traicionado por un compañero.
Entonces, Ángeles es privado de su libertad, sometido a Consejo de Guerra y finalmente fusilado en noviembre de 1919.
Benjamín Hill.

Nació en San Antonio, Sonora el 31 de marzo de 1877. Fue un destacado militar y dirigió el Partido Antireeleccionista.
Comulgaba con los ideales de Francisco Madero. Estas creencias lo llevan en 1911 a tomar parte en la lucha armada y llega incluso al grado de coronel.
Fue jefe de operaciones militares en Álamos, su natal Sonora. Desarrolló actividades en contra del mandato del general Victoriano Huerta en el año 1913 y comandó parte del Ejército del Noroeste hasta 1914.
Desempeñó los cargos de gobernador y comandante de Sonora hasta 1915, y posteriormente fue comisionado.
Durante el mandato de Venustiano Carranza es ascendido al rango de general de brigada por los servicios prestados en el ejército y durante las más de 24 acciones armadas en las que participó.
También desempeñó funciones como secretario de guerra y marina, y le fue reconocido el honor de veterano de la Revolución durante el mandato de Álvaro Obregón, el 14 de diciembre de 1920. En este año Benjamín Hill murió.

Francisco R. Serrano.

Fue un militar, político y contador mexicano nacido en el estado de Sinaloa en el año 1886. Participó en 1910 en el Movimiento Antireeleccionista encabezado por Francisco I. Madero, en el que obtuvo el rango de capitán.
Una vez los objetivos del movimiento fueron consolidados, Serrano se retiró a su vida privada y trabajó como secretario del gobernador de su natal Sinaloa. Serrano abandona este cargo al conocer la noticia del asesinato de Madero.
Dicho acontecimiento lleva a Serrano a enlistarse en el Ejército Constitucionalista bajo el mando del entonces Coronel Álvaro Obregón.
Participó en diversas empresas en contra de tropas villistas, zapatistas, huertistas, federales y yanquis. Estas acciones le llevaron a alcanzar el grado de general de brigada.
Más adelante desempeñó cargos importantes dentro de la secretaría de Guerra y Marina, entre los años 1916 y 1924. Posteriormente fue nombrado gobernador del Distrito Federal en 1926, cargo en el que desempeño hasta junio de 1927.
Es así como en 1927 comenzaría su campaña electoral por la presidencia de México, siendo respaldado por el Centro Antireeleccionista, el Partido Socialista de Yucatán y el Partido Nacional Revolucionario, entre otros.
Su contrincante en la campaña por la presidencia sería nada menos que Álvaro Obregón, con quien en años anteriores combatiera en el ejército.
Obregón tenía pretensiones de conseguir una renovación inmediata de su mandato, violando el principio de no reelección que prohibía dichas intenciones.
Serrano fue aprehendido junto a otros compañeros mientras se dirigía a la celebración de su santo, el 2 de octubre de 1927.
Por órdenes de Calles y Obregón, Francisco Serrano y quienes lo postularan como candidato fueron fusilados al día siguiente.

Las Adelitas

No podríamos hablar de la Revolución sin mencionar a las populares Adelitas, valientes soldaderas que ya por amor, por hambre, por aventura o simplemente por sacudirse el yugo paterno, se unían a la causa haciéndose cargo de cocinar, lavar y planchar.

Heróica Batalla de Puebla - 5 de mayo de 1862

Los amigos se lastiman con la verdad, para no herirse con la mentira. (Refrán popular.)

Batalla de Puebla.
Esta épica gesta heróica anteriormente era conmemorada con un desfile cívico- militar, hasta que Francia protestó por la humillación que para ellos significaba esta celebración cada día 5 de Mayo. Busqué el año en que se suspendió dicha celebración pero no encontré nada en Internet.

La batalla de Puebla fue un combate librado el 5 de mayo de 1862 en las cercanías de la ciudad de Puebla, entre los ejércitos de la República Mexicana, bajo el mando de Ignacio Zaragoza, y del Segundo Imperio francés, dirigido por Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez, durante la Segunda Intervención Francesa en México, cuyo resultado fue una victoria importante para los mexicanos ya que con unas fuerzas consideradas como inferiores lograron vencer a uno de los ejércitos más experimentados y respetados de su época. Pese a su éxito, la batalla no impidió la invasión del país, aunque sí que sería la primera batalla de una guerra que finalmente México ganaría. Los franceses regresarían al siguiente año, con lo que se libró una segunda batalla en Puebla en la que se enfrentaron 35 000 franceses contra 29 000 mexicanos (defensa que duró 62 días) y lograrían avanzar hasta la Ciudad de México, lo que permitió establecer el Segundo Imperio Mexicano. Finalmente, ante la incapacidad de consolidar un imperio, y después de perder 11 000 hombres debido a la actividad guerrillera que nunca dejó de subsistir.

Después de que el Presidente Benito Juárez anunciara que no pagaría la duda externa, en octubre de 1861, Francia, Inglaterra y España suscribieron la Convención de Londres, en la cual se comprometieron a enviar contingentes militares a México para reclamar sus derechos como acreedores por una deuda que ascendía a alrededor de 80 millones de pesos, de los que aproximadamente 69 millones corresponderían a Inglaterra, 9 millones a España y 2 millones a Francia.
El contingente europeo estaba conformado como sigue:
·         España: 6000 hombres al mando del General Juan Prim.
·         Francia: 3000 hombres dirigidos por el Contraalmirante Edmond Jurien de la Gravière.
·         Reino Unido: 700 marines bajo el comando del Comodoro Dunlop.[3]
Poco después de reunirse, los representantes de los tres países enviaron un ultimátum al gobierno mexicano en el que pedían el pago de sus deudas; de lo contrario, invadiría el país. Juárez, quien gobernaba a un país que apenas empezaba a levantarse de la postración económica, respondió con un exhorto a lograr un arreglo amistoso, y los invitó a una conferencia. Acompañó ese mensaje con la derogación del decreto que suspendió los pagos. Al mismo tiempo, en vista de la posibilidad real de una invasión militar que buscara llegar hasta la Ciudad de México, ordenó el traslado de pertrechos y la fortificación de Puebla, así como crear una unidad, a la que se designó como Ejército de Oriente, que fue puesta bajo el mando del general [José López Uraga. En vista del desempeño deficiente de este mando, fue destituido y en su lugar se designó a Zaragoza, quien dejó el Ministerio de Guerra y se dirigió a Puebla para organizar la oposición al avance francés con cerca de 10 000 hombres; cantidad mínima si se toma en cuenta el vasto territorio que debía cubrirse.
Reproducción de los Tratados preliminares de la Soledad. Al calce se observan las firmas de Manuel Doblado, Juan Prim, Dubois de Saligny y Charles (Carlos) Wyke
Los representantes aceptaron el llamado y en febrero de 1862 se reunieron con los ministros juaristas del Exterior, Manuel Doblado, y de Guerra, Ignacio Zaragoza, en la hacienda de La Soledad, cerca de Veracruz. Gracias a la habilidad como negociador de Doblado se firmaron los Tratados preliminares de La Soledad, en los que se obtuvo el reconocimiento como interlocutor para el gobierno de Juárez y se garantizó el respeto a la integridad e independencia del país. Además, se convino que las negociaciones sobre la deuda se realizaran el Orizaba, donde se establecerían las fuerzas aliadas, además de Córdoba y Tehuacán, para evitar el rigor del clima tropical del puerto; si no se llegaba a un acuerdo, se retirarían a la costa para así comenzar las hostilidades.
El 5 de marzo, cuando aún se realizaban las negociaciones en Orizaba, llegó a Veracruz un contingente militar francés bajo el mando de Charles Ferdinand Latrille, conde de Lorencez, quien relevó en el mando a Jurien de la Gravière y se dirigió a Tehuacán. También llegó el general conservador Juan Nepomuceno Almonte, quien de inmediato se proclamó "jefe supremo de la nación" y empezó a reunir a las tropas conservadoras, remanentes de la Guerra de Reforma, para apoyar a los franceses.
En abril de 1862 la alianza tripartita se rompió debido a que España e Inglaterra se dieron cuenta de que Francia tenía un interés soterrado, de tipo geopolítico, bajo el reclamo económico: derrocar al gobierno republicano de México para establecer una monarquía favorable a su política colonial, con miras a contrarrestar el creciente poderío de Estados Unidos.[cita requerida] De las instrucciones de Napoleón III dadas al jefe militar de la expedición, se sabe que el objetivo imperialista francés consistía en ampliar sus dominios estableciendo un protectorado, cuya administración serviría para ampliar los mercados, sostener las colonias en las Antillas y del sur de América y, de ese modo, garantizar el abasto de las materias primas en Francia.[4] Los representantes español (Prim) e inglés (Charles Wyke) negociaron con el gobierno juarista por separado y en última instancia aceptaron las propuestas de moratoria del gobierno mexicano, y reembarcaron a sus tropas. La posición de Francia, en contraste, presentada por el diplomático Dubois de Saligny, fue la de exigir el pago inmediato de la deuda, que incluía un cobro exagerado por parte de la Casa Jecker por los destrozos causados durante la Guerra de Reforma, y tener control total y absoluto de las aduanas, así como intervención directa en la política económica del país.
A finales de abril, Lorencez desconoció los Tratados de Soledad y se puso en marcha, junto con sus efectivos, hacia Puebla, con el fin último de conquistar la Ciudad de México. A los militares franceses los rodeaba un aura de invencibilidad en combate dado que no habían sido derrotados desde Waterloo, casi 50 años antes, con sonadas victorias en las batallas de Solferino, Magenta y Sebastopol. Esta actitud quedó de manifiesto en el siguiente mensaje, que Lorencez envió al conde Jacques Louis César Alexandre Randon, ministro de Guerra francés, poco después de la batalla de Las Cumbres: "Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6,000 valientes soldados, ya soy dueño de México”. La confianza del alto mando francés no se debía sólo a un palmarés militar impecable, sino a la fragilidad general de México y sus instituciones. Con una economía destruida por casi 50 años de guerras civiles, con un Estado débil y una población dividida por las pugnas entre facciones, la conquista del país parecía una empresa factible con un contingente reducido.
Al conocer sobre el avance, el general Alejandro Constante Jiménez al mando de 2000 soldados se unió al general Zaragoza, que partió de Puebla con 4000 soldados para salir al encuentro de los franceses, quienes ya sostenían escaramuzas con guerrilleros. El comandante mexicano había enfrentado diversos problemas para conformar su ejército. Ante la falta de voluntarios y a que aún se mantenían hostilidades con grupos conservadores remanentes de la Guerra de Reforma, se había recurrido a la leva. Aunque se contaba con un cuerpo de oficiales joven pero experimentado, la mayor parte de la tropa carecía de la disciplina mínima, y estaba mal equipada y alimentada. En los días anteriores a la batalla, Zaragoza solicitó una y otra vez al alto mando en la Ciudad de México, el envío urgente de recursos económicos, ya que no podía costear ni siquiera los alimentos para las tropas. Para colmo, la explosión de un polvorín en la colecturía de los diezmos del poblado de San Andrés Chalchicomula (hoy Ciudad Serdán), ocurrida el 6 de marzo, había matado a 1,322 soldados de la Brigada de Oaxaca enviados por el general Ignacio Mejía para incorporarse al Ejército de Oriente.
El 28 de abril, el Ejército de Oriente se topó con la columna de Lorencez en un paso de montaña en las Cumbres de Acultzingo, en el límite entre Veracruz y Puebla, lo que representó el primer encuentro bélico formal. Zaragoza no pretendía cortarle el paso a los invasores, sino más bien foguear a sus soldados, muchos de ellos faltos de experiencia, y al mismo tiempo causarle el máximo de pérdidas posible al enemigo. En la llamada Batalla de Las Cumbres murieron 500 franceses, mientras las bajas mexicanas ascendieron sólo a 50. Pese a este saldo favorable, Zaragoza aún tenía desconfianza sobre el desempeño real de sus tropas en un combate en campo abierto. Luego de la retirada de los mexicanos, los franceses tomaron control del paso, con lo que aislaron al centro del país del principal puerto en el Golfo, y tuvieron la vía franca hacia Puebla.
La batalla
Marcha para Puebla: El General Forey al campamento de San Agustín del Palmar.
Asegurado el paso de Acultzingo, el 2 de mayo de 1862 la columna principal del ejército expedicionario francés salió de San Agustín del Palmar, en Veracruz, para cruzar la Sierra Madre Oriental y dirigirse hacia Puebla, paso obligado para llegar a la capital del país y que era además uno de los bastiones del Partido Conservador, donde esperaban ser recibidos "con una lluvia de rosas", como le aseguró Saligny a Napoleón III en una carta.[5] El 3 de mayo por la noche, el general Zaragoza arribó a Puebla, dejando en su retaguardia una brigada de caballería para hostigar a los invasores. Los efectivos del Ejército de Oriente se organizaron por las calles desiertas de la ciudad, ya que la mayoría de la población era partidaria de la invasión.[6]
Maqueta de la Batalla del 5 de mayo de 1862, con más de 200 esculturas entre personajes, caballos, cañones y otros. Obra del Escultor Miguel Michel
Fuertes de la ciudad de Puebla
Zaragoza estableció su cuartel a unos cuantos metros de la línea de batalla, donde estableció el plan para la defensa de la plaza (ver tabla superior), que consistió en concentrar los pertrechos en el sur y oriente de la ciudad, esperando evitar que los franceses alcanzaran al área urbana de Puebla.
El 4 de mayo, los exploradores mexicanos volvieron con noticias de que una columna de conservadores a caballo, al mando de Leonardo Márquez y José María Cobos, marchaba por la zona de Atlixco para unirse con las fuerzas de Lorencez en el ataque a Puebla. Zaragoza envió una brigada de 2000 hombres bajo el mando de Tomás O'Horán y Antonio Carbajal, con el fin de detenerlo, lo cual lograron. Aunque sus fuerzas habían disminuido, los mexicanos se prepararon para la defensa de Puebla. Contaban con dos baterías de artillería de batalla y dos de montaña, cubriendo los fuertes con 1200 hombres y formando a otros 3500 en cuatro columnas de infantería con una batería de batalla y una brigada de caballería por el lado del camino a Amozoc.
...El enemigo está acampado á tres cuartos de la garita de esta Ciudad. En los suburbios de ella y por el mismo rumbo tengo mi campamento. El Cuerpo de Ejército listo para atacar y resistir. El General O´Horan me avisa que ayer batió en Atlixco a 1.200 reaccionarios, cuya población abandonaron después de alguna resistencia. Parece que el resto de las chusmas reaccionarias se halla en Matamoros preparando su marcha para este rumbo. Todo lo que digo á vd. para conocimiento del C.Presidente de la República..— I. Zaragoza.
El ala derecha mexicana la cubrían las tropas de Oaxaca dirigidas por Porfirio Díaz. El centro de la línea lo ocuparon Felipe Berriozábal y Francisco Lamadrid con las tropas del Estado de México y San Luis Potosí. La izquierda se apoyó en el cerro de Acueyametepec ubicado en el norte de la ciudad y en cuya cumbre se ubicaban los Fuertes de Loreto y Guadalupe, con el general Miguel Negrete a la cabeza de la Segunda División de Infantería. La artillería sobrante la colocaron en los fortines y reductos dentro de Puebla, quedando al mando del general Santiago Tapia.
A las 9:15 de la mañana del 5 de mayo, los franceses aparecieron en el horizonte, avanzando desde la cercana Hacienda de Rementería, cruzando fuego con las guerrillas de caballería que se batían en retirada y que no se replegaron hasta que las líneas francesas estuvieron formadas y listas para avanzar. La batalla se inició en forma a las 11:15 de la mañana, anunciándose con un cañonazo desde el Fuerte de Guadalupe y acompañado por los repiques de las campanas de la ciudad. En ese momento se dio una maniobra sorpresiva: la columna francesa, que venía avanzando en orden de oriente a poniente, se dividió en dos: la primera, compuesta por aproximadamente 4000 hombres y protegida con su artillería, dio un violento viraje hacia la derecha y se dirigió hacia los fuertes; mientras que la segunda columna, compuesta por el resto de la infantería, quedó como reserva.
Los conservadores Almonte y Antonio de Haro y Tamariz, que acompañaban a los franceses, habían sugerido que el ataque se dirigiera a las inmediaciones del ex Convento del Carmen, en el sur de la ciudad, tomando como antecedente lo que sucedió en el sitio durante la Guerra con Estados Unidos. Lorencez, confiado en la superioridad de sus tropas, así como en el auxilio que esperaba del contingente de Márquez, desoyó el consejo y decidió concentrar el ataque en los fuertes, donde los mexicanos contaban con la ventaja. Zaragoza advirtió la maniobra y rápidamente replanteó su plan de batalla, movilizando las tropas hacia las faldas del cerro. El 6o. Batallón de la Guardia Nacional del Estado de Puebla,[7] bajo el mando del entonces coronel Juan Nepomuceno Méndez, fue el primer cuerpo del Ejército de Oriente en hacer frente a los franceses, al ubicarse en la línea comprendida entre los fuertes, y rechazar su ataque.[8] Zaragoza hizo avanzar a las fuerzas de Berriozábal a paso veloz entre las rocas, situándolas entre la hondonada que separa a Loreto y Guadalupe. Mientras, el general Antonio Álvarez con su brigada protegió el flanco izquierdo de los reductos.
La línea de batalla mexicana formó un ángulo que se extendió desde Guadalupe hasta un sitio conocido como Plaza de Román, frente a las posiciones enemigas. Zaragoza dispuso que el general Lamadrid defendiera con las tropas potosinas y dos piezas de artillería el camino que conectaba a la ciudad con la garita de Amozoc. La derecha de la línea de batalla mexicana la cerró Porfirio Díaz con la División de Oaxaca, auxiliado por los escuadrones de Lanceros de Toluca y Oaxaca.
Los franceses continuaron su avance, colocando sus baterías frente a Guadalupe, al tiempo que devolvían el fuego mexicano proveniente de esa posición.
En ese momento los zuavos, el regimiento de élite de la infantería francesa, iniciaron su ascenso por el cerro hacia Guadalupe, perdiéndose de la vista de los fusileros mexicanos. De repente, aparecieron disparando frente a la fortificación. Sin embargo, el fuego lanzado por los mexicanos los detuvo en seco. En ese instante, los soldados de Berriozábal los recibieron con sus bayonetas, por lo que tuvieron que retirarse en buen orden hasta ponerse fuera de tiro. Se repusieron rápidamente y se lanzaron de nuevo intentando tomar el fuerte.
Los franceses, apoyados por el 1.er. y 2o. Regimientos de Infantería de Marina, se abalanzaron sobre el resto de la línea mexicana, siendo recibidos con la bayoneta. La columna francesa fue rechazada en Guadalupe y Loreto, siendo igualmente repelidos los ataques de otras columnas francesas desplegadas. En ese momento, el coronel mexicano José Rojo avisó a Antonio Álvarez que era tiempo de que la caballería mexicana entrara en acción para alcanzar una victoria completa. Ordenó a los Carabineros de Pachuca cargar sobre los restos de la columna, disparando sus carabinas y lanzando mandobles de sable sobre los franceses, siendo totalmente rechazados.
A las dos y media de la tarde, cuando se empezaba a perfilar una victoria para los mexicanos, Lorencez se dispuso a lanzar el último asalto, dirigiendo a los Cazadores de Vincennes y el Regimiento de Zuavos hacia Guadalupe, mientras ponía en marcha una segunda columna de ataque compuesta de los restos de los cuerpos de batalla —excepto el 99 de Línea, el cuál quedó de reserva en el campamento francés—, para atacar por la derecha de la línea de batalla mexicana.
Ante esta situación, salieron a su encuentro los Zapadores de San Luis Potosí, al mando del general Lamadrid, librándose un terrible combate a la bayoneta. Una casa situada en la falda del cerro fue el objetivo. Los franceses la tomaron y se guarecieron en ella, siendo desalojados por los zapadores; la recobraron y de nuevo fueron expulsados por las tropas de Lamadrid. Un cabo mexicano de apellido Palomino se mezcló entre los zuavos y se batió con ellos cuerpo a cuerpo, posesionándose de su estandarte como botín de guerra al caer muerto el portador del mismo. Este momento significó un golpe anímico a favor de los defensores.
Ya entrada la tarde cayó un aguacero sobre el campo, lo cual dificultó el avance a las tropas francesas. Zaragoza dispuso que el Batallón Reforma de San Luis Potosí saliera en auxilio de los fuertes. En Loreto había un cañón de 68 libras que causaba enormes estragos en las filas francesas. Los zuavos hicieron una carga de infantería desesperada para apoderarse de esa pieza. El artillero mexicano, sorprendido por la rapidez de los franceses, tenía en sus manos la bala de cañón que no alcanzó a colocar en la boca de fuego. Un zuavo apareció frente a él y tras éste el resto del cuerpo que, una vez apoderados de ese fortín, levantarían la moral francesa y podría perderse la victoria conseguida. El artillero arrojó la bala al soldado francés, que herido mortalmente por el golpe en la cabeza rodó al foso del parapeto. Luego de que este asalto fue rechazado, los franceses retrocedieron siendo perseguidos por el Batallón Reforma.
Mientras, cuando la segunda columna llegó al Fuerte de Guadalupe protegida por una línea de tiradores, Porfirio Díaz acudió en auxilio de los Rifleros de San Luis Potosí, que estaban a punto de ser rodeados. Movió en columna al Batallón Guerrero, a las órdenes del coronel Jiménez, y le ganó el terreno a los franceses. Para apoyar envió al resto de las tropas de Oaxaca, con los coroneles Espinoza y Loaeza a la cabeza, con lo que se logró expulsar al enemigo de las cercanías. El éxito alentó a Díaz, que destacó al Batallón Morelos con dos piezas de artillería a la izquierda, mientras por la derecha los Rifleros de San Luis Potosí se reponían de la pelea, antecedidos por una carga de los Lanceros de Oaxaca, trabándose un combate cuerpo a cuerpo que hizo retroceder a los atacantes.
En aquel momento, luego de ser repelidos por última vez, las efectivos franceses empezaron a huir, completamente dispersados. Se replegaron a la hacienda Los Álamos, para finalmente retirarse hacia Amozoc.
Consecuencias
Mientras se libraba la batalla, en el Palacio Nacional y en la Ciudad de México en general se vivía un ambiente de tensa espera. Lo último que se sabía de Puebla era el telegrama enviado por Zaragoza hacia las 12:30 del día, en el que avisaba que el fuego de artillería de ambos lados había iniciado. Luego, silencio. Ante la incertidumbre, el gobierno había hecho salir precipitadamente al general Florencio Antillón al mando de los Batallones de Guanajuato, quedando como guardianes de la capital sólo 2,000 hombres del Regimiento de Coraceros Capitalinos y algunos centenares de milicianos pobremente armados. Si las tropas guanajuatenses se perdían, la capital quedaría desprotegida.
A las 4:15 de la tarde finalmente se recibieron noticias:
... Sobre el campo a las dos y media.— Dos horas y media nos hemos batido. El enemigo ha arrojado multitud de granadas.— Sus columnas sobre el cerro de Loreto y Guadalupe han sido rechazadas y seguramente atacó con cuatro mil hombres. Todo su impulso fue sobre el cerro.— En este momento se retiran las columnas y nuestras fuerzas avanzan sobre ellas. Comienza un fuerte aguacero.— I. Zaragoza[6]
Zaragoza envió más tarde otro telegrama en el que dijo que los franceses habían iniciado la retirada hacia Amozoc, pero sin mencionar el resultado final de la batalla. Finalmente, a las 5:49 de la tarde se recibió otro parte, dirigido al ministro de Guerra, que causó júbilo (y un gran alivio) en Palacio Nacional:
... Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria: el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse del Cerro de Guadalupe, que atacó por el oriente de izquierda y derecha durante tres horas: fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formado en batalla, fuerte de más de 4,000 hombres, frente al cerro de Guadalupe, fuera de tiro. No lo bato, como desearía, porque el Gobierno sabe (que) no tengo para ello fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 o 700 entre muertos y heridos; 400 habremos tenido nosotros. Sírvase vd. dar cuenta de este parte al C. Presidente.— I. Zaragoza[9]
Dos horas después de haber sido remitido el parte anterior a la Secretaría de Guerra, el presidente de la República recibía el siguiente:
... Señor Presidente.-Estoy muy contento con el comportamiento de mis generales y soldados. Todos se han portado bien.—Los franceses han llevado una lección muy severa; pero en obsequio de la verdad diré: que se han batido como bravos, muriendo una gran parte de ellos en los fosos de las trincheras de Guadalupe. Sea para bien, Sr. Presidente. Deseo que nuestra querida Patria, hoy tan desgraciada, sea feliz y respetada de todas las Naciones..— I. Zaragoza[10]
El saldo final de la batalla fue de 476 soldados perdidos y 345 heridos o enfermos del lado francés, así como 83 muertos, cerca de 132 heridos y 12 desaparecidos para el Ejército de Oriente.[1] A las 7 de la noche del día 6 de mayo arribaron a Puebla el general Antillón y sus tropas; Zaragoza esperaba un nuevo ataque de Lorencez, pero éste, el día 8 de mayo, dispuso la retirada hasta San Agustín del Palmar, siendo "saludado" por la artillería republicana y la Banda de Guerra de los Carabineros, quienes tocaron "Escape".
El 5 de septiembre de 1862, todavía acuartelado en Puebla, el general Zaragoza contrajo tifo y falleció tres días después.[11] Lo sustituyó en el mando del Ejército de Oriente el general Jesús González Ortega, quien se encargaría de la defensa de la ciudad ya que se esperaba el regreso de los franceses, reagrupados y con refuerzos, lo cual sucedió en marzo del siguiente año. Los historiadores concuerdan en señalar el talento de Zaragoza como organizador y motivador de sus tropas. Antes de la batalla, las arengó diciéndoles que si bien los franceses eran considerados "los primeros soldados del mundo", ellos eran "los primeros hijos de México", lo cual tuvo tal efecto en la moral de sus soldados que su determinación por defender la plaza ante los invasores compensó sus carencias materiales y de disciplina. Además, no temió tomar decisiones arriesgadas, como prescindir de los 2000 efectivos que O'Horan se llevó para batir a Leonardo Márquez, y en el curso de la batalla actuó con serenidad y efectividad. Se le considera héroe nacional y en su honor, tiempo después, Juárez renombró a la ciudad como Heroica Puebla de Zaragoza.
Cabe atribuir parte de la responsabilidad en el resultado de la batalla a Lorencez, por decidir lanzarse en primer lugar contra Loreto y Guadalupe en lugar de ir sobre la ciudad. Esta acción no carece de sentido si se toma en cuenta que el general francés se encontraba confiado en la victoria por lo que había sucedido en las Cumbres, además de que bajo la lógica militar de su tiempo, primero había que atacar al enemigo en sus posiciones más fuertes. En todo caso, ensoberbecido por la superioridad per se de los franceses, no contó con la férrea resistencia mexicana y cometió yerros garrafales: así, por ejemplo, fue famosa su orden de colocar sus cañones en batería a dos kilómetros y medio de las fortificaciones poblanas, lo cual fue calificado por el propio Napoleón III como un disparate[12] ya que las balas llegaban a sus blancos, pero sin fuerza. El conde fue repatriado y lo sustituyó Frédéric Forey en el mando de las tropas expedicionarias. Cuando en Francia se supo la derrota del ejército francés, originó dolor, histeria y llanto, más aún cuando llegaron las historias de que los indígenas zacapoaxtlas (que en realidad se trataba del sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla[13] ) habían atacado con machetes, arma desconocida en Europa, y se comían los cadáveres. El resto de Europa, con incredulidad, sorpresa y asombro, comentaban como el ejército francés, invicto desde la Batalla de Waterloo en 1815, había sido derrotado en México, un ejército considerado el mejor del mundo, el vencedor en la conquista de Argelia y de la Indochina francesa (hoy Vietnam), había sido derrotado por un país tropical, utilizando tácticas de guerra poco utilizada en Europa, como era la Guerra de Guerrillas.
La guerra de guerrillas efectivamente fue utilizada en México, pero ya antes se conocía tal táctica en Europa, y más en concreto en España, lugar donde se dio por vez primera este tipo de guerra 400 años antes de Cristo, e incluso contra la invasión de las tropas de Napoleón a principios del siglo XIX, y que por tal motivo en este país se le dio tal nombre, guerra de guerrillas.
Condecoraciones
Decreto Presidencial de Condecoración
El 21 de mayo de 1862 el presidente Juárez publicó el decreto de condecoración a los vencedores de las batallas del 28 de abril en las Cumbres de Acultzingo y del 5 de mayo en Puebla, y ambas se consideraron victorias ante el ejército expedicionario francés.
El 30 de mayo se entregaron a los miembros del Ejército de Oriente los "diplomas de Concurrencia" a las mismas batallas, según lo estipulado en el artículo cuarto del mencionado decreto.
El 29 de noviembre Juárez viajó, acompañado por sus ministros de Guerra, Miguel Blanco Múzquiz, y de Relaciones Exteriores y Gobernación, Juan Antonio de la Fuente, a Puebla para una serie de ceremonias y reconocimientos a los defensores de la ciudad. Se reunió con González Ortega, y finalmente, el 4 de diciembre, en medio de una gran ceremonia en el Fuerte de Guadalupe, hizo entrega formal de las medallas a los vencedores de las batallas del 28 de abril y del 5 de mayo de ese año, y partió al día siguiente a la Ciudad de México. Asimismo, el 2 de marzo de 1863, en vísperas del inicio del Sitio de Puebla, se llevó a cabo una segunda ceremonia en Guadalupe, en la que entregó más medallas.
Significado
Véase también: Cinco de mayo
Representación simbólica de aspectos representativos de la historia mexicana. Aparecen las banderas del Primer Batallón de Oaxaca (1862-1878) y la otra del Batallón Supremo Poder (1864-1867) que fue el que combatió al ejército francés.
Con excepción del Grito de Dolores, la conmemoración de la Batalla de Puebla es la fecha más significativa del calendario cívico mexicano, al tratarse de una de las escasas victorias ante un ejército extranjero invasor. Simbólicamente, representa la consecución de una gran empresa por parte de los mexicanos, que puede conseguirse si se olvidan las divisiones y se sobreponen éstas a las carencias, como lo demuestra el hecho de que se consiguió la victoria, con valor y dedicación, pese a que se tenía todo en contra: inferioridad numérica y material, la moral disminuida por la tragedia de Chalchicomula, y la simpatía de algunos sectores de las élites y de la clase política hacia los invasores. A cambio, los republicanos respondieron con celeridad a las situaciones que la batalla iba planteando (movilizaron el grueso de sus efectivos del casco urbano de Puebla hacia los fuertes) y supieron sacar ventaja de los errores de los franceses. Semanas antes de la batalla, Juárez había declarado pena de muerte para los mexicanos que se unieran a los invasores, pero también una amnistía a los enemigos de la república en la guerra de Reforma si se unían a él para defender al país de la invasión. El caso más célebre es el del general conservador Miguel Negrete, quien abandonó al partido conservador y se puso a disposición de Zaragoza con la siguiente frase: "Yo tengo patria antes que partido."
El 5 de mayo es una fecha entrañable para los mexicanos; se celebra en las principales ciudades del país con desfiles y verbenas. Ese día se le toma protesta en todo el país a los jóvenes que cumplen el Servicio Militar Nacional.
Sin embargo, el recuerdo de la batalla no se agota en el protocolo. En algunos lugares del país se realizan fiestas populares en las que se recrea la batalla misma o algunos de sus aspectos, como en el caso del Peñón de los Baños, en la Ciudad de México, o en Huejotzingo, en Puebla; sitios en donde se da una peculiar fusión de elementos de carnaval con la fiesta cívica. Incluso en una celebración plenamente religiosa como son las Morismas de Bracho, en Zacatecas, que se hacen tradicionalmente el último fin de semana del mes de agosto, donde miles de personas representan combates entre moros y cristianos, aparecen participantes con uniformes tomados de la batalla de Puebla; por ejemplo, el contingente de los moros adoptó el uniforme de los zuavos franceses; asimismo, el ejército cristiano adoptó el uniforme del regimiento de zapadores, y las bandas de guerra cristianas llevan el uniforme mexicano utilizado el 5 de mayo. Ambas tropas simulan combates al son de marchas francesas.
En los Estados Unidos, el 5 de mayo es el "Día de la Herencia Latina", en la que se celebra la inmigración procedente de México. Ello ha dado pie a que se piense, erróneamente, que el aniversario de la batalla es el día de la Independencia de México.

Fecha
Lugar
Coordenadas
Resultado
Victoria mexicana
Beligerantes


Comandantes


Fuerzas en combate

2ª División de Infantería, General Miguel Negrete 1.200 soldados.
1ª Brigada (Loreto) Batallones: Fijo, Tiradores, de Morelia. 1 Batería de Artillería. 2ª Brigada (Guadalupe) Batallones: 6° de Guardia Nacional de Puebla (Zacapoaxtlas), Mixto de Querétaro, 2° y 6° de Puebla. 1 Batería de Artillería. 3 Brigadas Independientes de Infantería. 1º Brigada de Infantería, General Felipe Berriozábal: 1.082 soldados. Batallones: Fijo de Veracruz, 1º y 3° Ligeros de Toluca. 2º Brigada de Infantería, General La Madrid: 1.000 soldados. Batallones: Reforma, Rifleros de San Luis, Zapadores. 3º Brigada de Infantería, General Porfirio Díaz: 1.020 soldados. Batallones: Patria, Morelos, Guerrero, cuadros de los 1º y 2º de Oaxaca. Brigada de Caballería, General Antonio Álvarez: 550 Jinetes. 3° Regimiento de Carabineros de Pachuca.
Escuadrones de Lanceros de Toluca y de Oaxaca.
1 Cuerpo de Ejército de Infantería. 6.048 Soldados.
99º Regimiento de Línea. 2º Regimiento de Zuavos. 1 Batallón de Fusileros de Infantería de Marina. 1 Batallón de Ingenieros Coloniales. 1 Cuerpo de Caballería Ligera. 152 Jinetes. 2º Escuadrón de Cazadores de África.
1º Batallón de Cazadores de Vincennes.

Bajas

      México                          Francia
83 muertos1
 132 heridos1
 12 desaparecidos
172 muertos o desaparecidos1
 304 heridos1
 35 prisioneros1


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